Todos entendemos que el cerebro es el JEFE.

Es quien envía señales para que el corazón adapte su ritmo y siga bombeando sangre, oxígeno y nutrientes por el cuerpo.

Pero la conversación no va en una sola dirección.

El corazón también envía información al cerebro. Corazón y cerebro mantienen un diálogo continuo que participa en la regulación del organismo.

El corazón también tiene su propia red nerviosa

El corazón cuenta con un sistema nervioso cardiaco intrínseco: una red de neuronas capaz de integrar información local y colaborar en el control de su funcionamiento latido a latido.

No significa que el corazón piense como el cerebro. Significa que no es una bomba pasiva esperando órdenes.

Recibe información, responde y se comunica con el resto del sistema nervioso.

¿Cómo observamos parte de esa conversación?

La actividad cerebral puede registrarse con un electroencefalograma y la actividad eléctrica del corazón con un electrocardiograma. Además, entre un latido y el siguiente hay pequeñas variaciones de tiempo.

Eso es la variabilidad de la frecuencia cardiaca.

Lo que cuenta la variabilidad cardiaca

Un corazón sano no funciona como un metrónomo perfecto. Su ritmo se adapta constantemente a la respiración, el movimiento, el descanso, el estrés y muchas otras señales.

La variabilidad cardiaca se utiliza para estudiar esa capacidad de adaptación del sistema nervioso autónomo.

También se han encontrado asociaciones entre determinados patrones de variabilidad, la regulación emocional y algunas funciones cognitivas como la atención o la flexibilidad mental.

Asociaciones.

No una prueba de que una emoción aislada cure o enferme, ni un diagnóstico que pueda interpretarse fuera de contexto.

Y lo más interesante es que esta información nos recuerda algo que a veces olvidamos:

AGÁRRATE A LA SILLA.

Tu corazón y tu cerebro no trabajan por separado.

La coherencia no es solo una cifra

«Bea, ¿cómo sincronizo mi corazón y mi cerebro?»

«¿Cómo hago que haya coherencia entre ambos?»

El ejercicio, la respiración controlada, el yoga o la meditación pueden apoyar la regulación del sistema nervioso. Están muy bien.

Pero para mí hay otra coherencia que no cabe en un electrocardiograma.

La que aparece cuando unes tu sentir, tu pensar y tu manera de vivir.

Lo vemos todos los días: te pones una máscara en el trabajo, otra con los amigos y otra con tu familia, mientras por dentro piensas y sientes de otra manera.

Esa distancia interior pesa.

No necesito convertirla en una promesa médica para reconocer que vivir dividido desgasta y que escucharte puede cambiar la forma en la que atraviesas el día.

Soltar las máscaras

¿Es fácil soltar una careta que lleva años contigo?

No te engaño.

Es difícil.

Porque muchas máscaras empezaron siendo una forma de protegerte, pertenecer o evitar el conflicto.

Pero quizá puedas empezar por una pregunta pequeña:

¿Dónde estás diciendo que sí cuando todo en ti está diciendo que no?

La coherencia no consiste en contarlo todo ni en actuar sin cuidado. Consiste en dejar de abandonarte para sostener una versión de ti que ya no te representa.

Unir lo que piensas, lo que sientes y lo que haces no ocurre de golpe.

Pero cada vez que te escuchas con honestidad, corazón y cerebro dejan de ser solo una explicación fisiológica y se convierten en una brújula para volver a ti.


Una mirada integral a lo que te ocurre

Si sientes que tu cuerpo, tus emociones y tu forma de vivir llevan tiempo pidiéndote una conversación más profunda, en una Sesión Médica Holística podemos revisar tu situación de manera individual y con una mirada integradora.