Hace un tiempo, donde hago deporte, pasaba un señor bastante mayor y nos decía una frase motivadora.

Era curioso porque apenas podía andar. Su lenguaje era lento y costaba entenderle.

Pero a mí me llamaba poderosamente la atención que ahí estaba.

Todos los días.

Yendo uno por uno, regalándonos su frase del día.

Sabiduría popular en estado puro.

Hace meses que no lo veo y, la verdad, lo echo de menos.

Me encantaba percibir aquella vitalidad mental detrás de un cuerpo rígido.

Un día me dijo una frase que escribí en mi libro y en Instagram:

Creer y hacer para superarse cada día.

Ala, ahí está la frase.

Casi nada.

Menudo regalo.

Creer importa, pero también hacer

Aquella frase me llevó a pensar en el sistema de recompensa y en la famosa dopamina.

Cuando un niño hace algo que le supone un esfuerzo y tú le das un abrazo, un beso o reconoces lo que ha hecho, aprende que merece la pena volver a intentarlo.

Ahora algunos me dirán:

Lo tiene que hacer sin necesidad de recompensa.

Yo discrepo.

Todos necesitamos alguna forma de gratificación cuando hacemos las cosas.

Con los años, esa recompensa puede volverse más interna: la satisfacción de cumplir una promesa, terminar algo difícil o descubrir que somos capaces.

Pero sigue estando ahí.

Y puede ser un nutriente poderoso para continuar.

La dopamina no es un saco de felicidad

La dopamina participa en muchos procesos. Entre ellos están la motivación, el aprendizaje a partir de las recompensas y la energía que ponemos en una conducta dirigida a un objetivo.

Pero no es simplemente «la hormona del placer».

Ni cada satisfacción puede explicarse con una descarga de dopamina.

Nuestro cerebro aprende qué merece atención, qué conviene repetir y cuánto esfuerzo estamos dispuestos a invertir.

Por eso las gratificaciones inmediatas —comida muy apetecible, entretenimiento sin pausa, redes sociales o ciertas conductas adictivas— pueden competir con objetivos que exigen tiempo y paciencia.

No significa que disfrutar sea malo.

Significa que conviene observar qué recompensa nos deja más libres y cuál nos encierra en una repetición automática.

Superar un miedo, enfrentar una dificultad posible, plantearse un reto realista o sostener un esfuerzo también puede enseñarnos algo:

he actuado y puedo volver a actuar.

Cuando no apetece hacer nada

La dopamina también está relacionada con la motivación y el procesamiento de recompensa, dos dimensiones que pueden alterarse en la depresión.

Pero cuidado.

La ansiedad y la depresión son problemas complejos. No se explican solo por «tener la dopamina baja» y no se resuelven simplemente echándole ganas.

Hay momentos en los que la vida se reduce.

Se reducen los planes, los retos, los encuentros y hasta las cosas que antes daban gusto.

Es la pescadilla que se muerde la cola:

No te apetece.

Haces menos.

Y cuanto menos haces, más difícil parece volver a empezar.

En esos momentos, un reto no tiene que ser heroico.

Puede ser ducharte, salir unos minutos, llamar a alguien, acudir a una cita o terminar una tarea pequeña.

El objetivo no es obligarte a sentirte bien.

Es recuperar, poco a poco y con la ayuda necesaria, alguna experiencia de capacidad.

Retos que acompañan, no promesas

Si tienes una enfermedad física, crear tus propios retos de superación puede darte ánimo y ayudarte a conservar una parte de agencia.

Pero un reto no cura una enfermedad ni sustituye el diagnóstico, el tratamiento o el seguimiento profesional.

Hay días de avanzar y días de descansar.

Superarse no significa maltratarse.

Significa preguntarte qué paso es posible hoy, con el cuerpo y la vida que tienes hoy.

Ningún hada madrina te va a regalar un saco de dopamina.

Pero tampoco tienes que salir a buscarlo a base de exigencia.

A veces basta con creer un poco, hacer algo pequeño y reconocer el esfuerzo.

Creer y hacer.

Para superarse cada día.


Una mirada integral a lo que hoy te frena

Si notas que tu motivación, tus emociones o una experiencia de salud están reduciendo tu vida, en una Sesión Médica Holística podemos mirar tu situación de forma individual, integrando cuerpo, mente, emociones y contexto.