Muchas veces nos quedamos enquistados en emociones del pasado.
Unas nacieron por algo que otra persona hizo.
Otras, por algo que hicimos nosotros.
No queremos mirarlas.
No queremos sentirlas.
Porque acordarnos parece volver a vivirlo.
Y no queremos.
Es normal.
Nos culpamos, nos enfadamos, nos agobiamos o intentamos hacer como si aquello ya no importara.
Pero evitar una emoción no siempre hace que desaparezca. A veces solo consigue que siga ocupando un lugar dentro de nosotros.
Hoy quiero proponerte un ejercicio de perdón y liberación emocional.
Es un ejercicio para ti.
No necesitas hacerlo con la persona implicada.
No tienes que llamarla, escribirle ni volver a abrir una puerta que cerraste para protegerte.
Antes de empezar: no te fuerces
Perdonar no significa justificar lo que ocurrió.
No significa olvidar.
No significa reconciliarte.
Y tampoco significa renunciar a tus límites.
Significa, si para ti tiene sentido, dejar de entregar tanta energía a algo que ya pasó.
Pero hay recuerdos que no conviene atravesar a solas.
Si viviste violencia, abuso o una experiencia traumática; si tienes recuerdos intrusivos, ataques de pánico o te desconectas de lo que te rodea, no te obligues a revivir la escena. Puedes hacer este trabajo con un profesional que te ayude a mantenerte dentro de un nivel seguro.
Tu cuerpo no tiene que demostrar nada.
1. Acércate al recuerdo sin lanzarte dentro
Busca una habitación tranquila.
Siéntate con los pies apoyados en el suelo.
Puedes cerrar los ojos o dejarlos abiertos.
Respira despacio y recuerda la escena con la distancia que hoy puedas sostener.
No hace falta verla con una intensidad máxima.
Puedes imaginarla como una fotografía, como una escena lejana o simplemente nombrar lo que ocurrió.
Observa qué aparece.
Rabia.
Culpa.
Tristeza.
Vergüenza.
O quizá nada.
Todo eso es información.
Si notas que te desbordas, abre los ojos. Mira a tu alrededor, siente los pies, apoya la espalda y nombra cinco cosas que puedas ver.
Parar también es cuidarte.
2. Di lo que no pudiste decir
Cuando sientas que puedes continuar, dale palabras a aquello que quedó atrapado.
Dilo en voz alta o escríbelo.
Yo estaba en un momento difícil.
No entiendo cómo pudiste hacerme esto.
Estoy enfadado.
Sentí mucho dolor.
No busques una frase bonita.
Busca una frase verdadera.
Deja que el cuerpo participe sin hacerte daño: permite que aparezca el llanto, aprieta una toalla, mueve los brazos, camina o respira con sonido.
Después, haz una pausa.
Respira varias veces.
Y siente cómo estás tras expresar lo que necesitabas decir.
3. Recupera la perspectiva
Solo si te resulta seguro y útil, vuelve a mirar la escena.
Puedes intentar comprender desde qué historia actuó la otra persona: sus límites, sus miedos, lo que sabía y lo que no sabía hacer.
Comprender no borra la responsabilidad.
Explicar no es absolver.
Y si esa perspectiva te hace minimizar el daño, no necesitas adoptarla.
También puedes mirar a tu yo de entonces.
Quizá hizo lo que pudo con los recursos que tenía.
Quizá hoy puedes decirle:
Sé que eres un ser humano como yo.
Sé que te equivocaste.
No voy a seguir viviendo dentro de aquella escena.
Te perdono y te libero.
O quizá esa última frase todavía no te sale.
No pasa nada.
Puedes decir:
Hoy empiezo a dejar de cargar con esto.
El perdón forzado no libera.
4. Vuelve al presente
Mira la habitación en la que estás.
Siente de nuevo los pies.
Respira.
Recuérdate la fecha, el lugar y algo que hoy sí puedes elegir.
Ya no estás en aquella escena.
Ahora puedes poner límites.
Puedes pedir ayuda.
Puedes decidir con quién quieres estar.
Puedes reconocer el daño sin convertirlo en tu identidad.
¿Cuántas veces hay que hacer este ejercicio?
No hay una cifra.
Repítelo solo si notas que te ayuda a estar más presente, con más claridad y menos tensión. Si cada vez terminas peor, no insistas en soledad.
Hazlo por ti.
No para que nadie gane.
No para decir que estuvo bien.
Para que lo vivido no siga decidiendo por ti.
Un espacio seguro para mirar lo que todavía pesa
Si sientes que una herida del pasado sigue influyendo en tu cuerpo, tus emociones o tu forma de vivir, en una Sesión Médica Holística podemos mirar tu situación de manera individual y acompañada.

