El viernes me entrevistó Pepe García, más conocido como El Estoico.
Fue un rato entrañable. Pepe es de esas personas que respiran humanidad por todos lados y te trasladan esa energía bonita que llevan dentro.
Durante la entrevista me preguntó por un término que merece que nos detengamos un momento:
Hormesis.
Qué es la hormesis
La hormesis describe una respuesta biológica bifásica: una dosis pequeña de un estímulo puede provocar una respuesta distinta —y en algunos casos adaptativa— a la que produciría una dosis alta.
Sí, sí, lo has leído bien: la dosis importa.
Eso no significa que cualquier cosa dañina se vuelva saludable por tomar poca cantidad. El efecto depende del estímulo, la dosis, la persona y el contexto. Hay sustancias y situaciones perjudiciales incluso a dosis bajas.
Algunos compuestos presentes en los alimentos se estudian precisamente porque sus efectos cambian con la cantidad. Pero que nadie utilice los polifenoles del vino como excusa para la barra libre.
Normal: si te pones más pedo que Alfredo, no estás entrenando la hormesis.
La función hace al órgano
En primero de Medicina me enseñaron una frase que nunca se me olvidó:
La función hace al órgano.
En clase nos contaron la historia de un preparado en polvo que contenía todos los nutrientes necesarios y pretendía sustituir a la comida real.
¡Imagina el descubrimiento!
Se acabó cocinar. Se acabó pensar en la comida.
Pero el ejemplo buscaba recordarnos algo más importante: el aparato digestivo no es un simple recipiente. La forma en que comemos, masticamos y digerimos también forma parte de su función.
Con los músculos se ve todavía más claro.
Pégate un mes en la cama y luego prueba a andar —aunque no te lo recomiendo—.
La inmovilidad prolongada reduce fuerza y masa muscular. El cuerpo se adapta a lo que le pides y también a lo que dejas de pedirle.
En el cuerpo, muchas funciones necesitan uso, estímulo y recuperación.
Pequeños desafíos, no extremos
Pequeñas dosis de determinados desafíos pueden entrenar nuestra capacidad de adaptación. El ejercicio es un ejemplo sencillo: supone un esfuerzo y, con una dosis adecuada y descanso, el organismo responde.
La clave está en esas palabras: dosis adecuada y descanso.
Llevar cualquier práctica al extremo, salvo que exista una causa muy justificada y supervisada, puede hacernos perder flexibilidad en lugar de ganarla.
Y para mí la flexibilidad es una cualidad que regala salud.
Lo veo una y otra vez con mis pacientes.
A las personas flexibles les suelen ir mejor las cosas porque encuentran más de una manera de responder cuando la vida cambia.
En cambio, si eres muy exigente, demasiado rígido o conviertes cada hábito en una norma innegociable, el cuidado puede transformarse en otra forma de alerta.
Entrenar la flexibilidad
Si eres demasiado exigente contigo, acuérdate de este término: hormesis.
No para justificar algo que te hace daño.
No para seguir la última práctica extrema de moda.
Sino para recordar que no siempre necesitamos más intensidad. A veces necesitamos una dosis pequeña, tiempo para adaptarnos y espacio para recuperar.
Cambiar tu salud también implica ensayar respuestas nuevas sin obligarte a hacerlo todo perfecto desde el primer día.
Porque un cuerpo flexible no es el que soporta cualquier cosa.
Es el que puede adaptarse sin dejar de escucharse.
Una mirada integral a tu salud
Si quieres comprender mejor qué necesita tu cuerpo y construir cambios realistas, en una Sesión Médica Holística podemos revisar tu situación de forma individual y con una mirada integradora.

