La relación oculta entre hábitos, emociones y enfermedad

Hace unos días, una oyente me lanzó una pregunta que me pareció tan buena que quiero
compartirla contigo.


Me decía algo así:


«Beatriz, si una persona fuma 55 años… ¿cómo encaja eso con la idea de que la
enfermedad también tiene un componente emocional? ¿Cómo se va a curar solo con
trabajar las emociones?”


Desde el enfoque que integro en Mentes que Curan —la unión de ciencia, mente,
emoción y alma— no niego algo evidente: el cuerpo se resiente ante ciertos hábitos.
Fumar intoxica. Punto. Está demostrado. Aumenta el riesgo de cáncer, EPOC,
enfermedad cardiovascular…y paro porque no terminaría…


Pero hay algo más profundo que ocurre en paralelo, y esto lo explicó muy bien Lise
Bourbeau:

Dos personas pueden exponerse al mismo tóxico durante años… y evolucionar de
forma completamente distinta.


¿Por qué?


Porque el cuerpo no responde solo a lo que hacemos.
Responde también a cómo lo vivimos internamente.


Al organismo no solo le impacta la nicotina.
Le impactan las emociones, creencias, miedos, culpas, deseos ocultos y conflictos
internos.


Un ejemplo muy revelador:


Ella explicaba que había fumadores que no desarrollaban enfermedad porque:
– Se permitían fumar.
– No se castigaban por ello.
– No vivían el cigarrillo como una traición a sí mismos.
– Y lo hacían desde el deseo, no desde la culpa.

O dicho de forma más clara:

Lo que nos enferma no es solo lo que hacemos, sino cómo lo vivimos por dentro. Lo
que nos daña no es solo el hábito, sino la carga emocional que lo acompaña.

No es lo mismo:
– fumar desde el castigo,
– que fumar desde la ansiedad,
– que fumar desde la culpa,
– que fumar desde el placer sin conflicto interno.

¿Significa esto que fumar “no pasa nada”?
Noooooooo. Significa que el cuerpo siempre tiene una reacción, pero esa reacción
cambia por completo según la coherencia o incoherencia interna con la que vivimos
aquello que hacemos.


Y esto lo vemos cada día en la evidencia científica:
– el estrés sostenido, un cuerpo en tensión constante altera los procesos de reparación
celular.
– la percepción de amenaza modifica la inmunidad,
– la culpa activa los mismos circuitos que el dolor


Y del lado más profundo (el invisible a los ojos humanos como a mí me gusta
llamarlo)se sabe que:


un cuerpo en guerra interna no puede reparar igual que un cuerpo en coherencia.


Por eso, cuando alguien me pregunta:
“¿Y cómo es posible que tal persona fumara toda la vida y no tuviera cáncer?”

La respuesta es:


Porque no solo importa lo que entra al cuerpo.
Importa el estado en el que ese cuerpo vive.

La enfermedad nunca es un fenómeno únicamente físico.
La salud tampoco.

La clave está en mirar el conjunto:
lo físico, lo emocional, lo mental y lo espiritual.

Y desde ahí comprender que:

Lo que hacemos importa.
Pero cómo lo vivimos importa tanto o más.

Gracias por preguntas como esta.
Son las que permiten salir del blanco o negro y entrar en lo que realmente transforma.

Si sientes que tu enfermedad, tu síntoma o tu bloqueo tiene un mensaje más
profundo y quieres que te ayude a descifrarlo desde una mirada integral, puedes
reservar una sesión holística conmigo aquí.

Estoy aquí para acompañarte en el proceso de comprender lo que tu cuerpo intenta
decirte… con TODO: yo no me pido solo la ciencia, me pido eso y mucho más ¿y tú?

PD: por cierto y si estas interesado en dejar de fumar escribí este libro para mi hermano

(ya no fuma hace 2 años!)